El Dios-BosqueBosque-árbol de ramas de fuego.
Lobo-fantasma, que camina entre llamas.
Dormía con los ojos quemados
¡A ti te ruego!
Eco de muerte,
Las voces de los torsos alados;
Alas que parecen trigo,
¡Qué desgraciada suerte!
Entonces el árbol dice:
“He venido a verte y soñar contigo.”
Y yo sólo pude llorar cenizas,
Pude sentir la muerte nacer en mi risa.
Vi a Dios, meciéndose en las ramas.
Lo vi en mi soledad y en mi tormento.
Lo vi escondido entre la piedra que amas,
En el suspiro del venerado momento.
Lo vi salir como serpiente escurridiza.
El árbol ahora sólo se reía (reía como el viento congelado)
Y mis ojos quemados, humo-dolor, murmuro enterrado.
Abrí los parpados:
Miré dentro del fuego, dentro de mí y entre los largos dedos del sauce.
¿Quién duerme dentro del sueño y sueña que nace al morir?
El humo siguió su cauce;
Miré dentro del fuego, sentí la llama salir,
Y descubrí que mi ojo-fósil nunca podrá vivir.
La bestia alada.I
Las cortinas se esfumaron con el fuego.
Las ventanas cubiertas en sombra de tizne.
Mis ojos mirando la luna, luego,
Mirando la penumbra
Espesa, luego, retumba.
Soñando con el vuelo de un cisne.
Cisne que es sombra, cisne que es bestia alada.
Cisne que duerme en el fondo de mi almohada.
II
Las sombras del árbol crecen,
Son fantasmas que se multiplican.
Son ramas mortecinas que duelen,
En el cantar que se escucha en sus raíces.
III
Se desdobla la noche,
El cielo sangrante,
Se escuchan frenados de coche
Reina la luna menguante.
Gritos, lejanos, alaridos de dolor.
Una llamarada ilumina la noche,
La habitación de pronto se llena de color.
Pienso en navidad, en un buen ponche.
El cristal se derrite en mis manos.
El calor me abraza, quema.
Los esfuerzos del sueño son vanos.
El fuego consume y rema.
Navega por mi cuerpo,
Consume mi tormento,
Naufraga en ningún puerto
Y suspiro sólo un momento
El fuego se extiende por los techos. El frío de la noche se pierde entre llamas y el hambre se convierte en cenizas y polvo que el viento se lleva lejos, lejos, me voy lejos y me pierdo en el graznido del cuervo.
Despertaré algún día y no sabré qué soy porque estoy en todo: en el recuerdo de un incendio helado, en el tizne que sombrea las paredes. En el calor incesante que exprime, estaré en el dolor que lloran las mujeres y sólo ellas, porque nacen siendo sirenas y podré mirar con ventanas de luz, con pulcritud a los ojos de aquel que sólo condena.
Yo soy la ventana, el fuego que se borró de la habitación pero que dejó su aroma de muerte y piel quemada. La ventana, el aroma, la puerta: serán por siempre mi epitafio, mi tumba, mi nocturno cobijo. Mi morada y yo estaré en las garras de la bestia alada.
Son dos bocetos aún. Ya he corregido algunas cosas, pero es una prueba. Lo envié a una gaceta cultural en Cuautla y al parecer saldrá publicado en Agsoto.